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¿Es la infidelidad pecado?

 

¿Por qué juzgar?  


Lucas 6:37 No juzguen, y no serán juzgados; no condenen, y no serán condenados; perdonen, y serán perdonados.

Cuando se habla de infidelidad, no es sensato hablar de “pecado”.  Pues al hablar de pecado señalamos con el dedo, juzgamos, moralisamos comparamos a una persona presuntamente buena con otra  presuntamente mala..

Para no caer en el error de culpar a alguien es necesario  estar libre de prejuicios. Es  preciso saber que la dinámica que ocasiona que una persona busque  afecto fuera del vínculo matrimonial es tan antigua como el mismo ser humano.  No lo digo a fin de justificar enlaces amorosos extramaritales, esa no es de ninguna manera mi intención. 

El problema es mas complejo como para tratarlo aquí, pero hay cierto dinamismo en las relaciones matrimoniales que cuando entran en desequilibrio, tienden a quebrar la relación, iniciar otra, o mantener dos relaciones paralelas.  Todo esto sucede sin que uno sea bueno y otro el malo.  Sin juzgar a ninguno, sin echar en cara si alguien actuó bien o mal, es necesario  "airear las sábanas" El problema está en la fuerza dinámica de la relación misma que perdió estabilidad.   Si logramos comprender como funciona este dinamismo entre las parejas y las familias,  veremos claramente por qué en nuestro mundo moderno existe un porcentaje tan alto de parejas que no funcionan bien, encontraremos el motivo por el cual hay una cantidad significativa de aventuras amorosas, y la razón por la cual la tasa de divorcios es tan alta.  Todo se trata del mísmo fenómeno, con diferente secuela.

 

Arrojar piedras...

Siempre me facinó el evangelio de Juan 8:3 en el cual Jesús absuelve con amor a la mujer adúltera.  Esta parte del evangelio irrita a muchos fanáticos religiosos, y a los moralisadores estrictos.  En cambio consuela verdaderamente a quellos que erraron.  Al fin y al cabo ¿quién de nosotros está libre de faltas?.   

Juan 8:4 le dijeron: Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en el acto mismo de adulterio. 

5 Y en la ley nos mandó Moisés apedrear a tales mujeres.  Tú, pues, ¿qué dices?  

6 Mas esto decían tentándole, para poder acusarle. Pero Jesús, inclinado hacia el suelo, escribía sobre la arena con el dedo.  

7 Y como insistieran en preguntarle, se enderezó y les dijo: El que de vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra contra ella.

8 E inclinándose de nuevo hacia el suelo, siguió escribiendo en arena.

9 Pero ellos, al oír esto, acusados por su conciencia, salían uno a uno, comenzando desde los más viejos hasta los postreros; y quedó solo Jesús, y la mujer que estaba en medio.

 

10 Enderezándose Jesús, y no viendo a nadie sino a la mujer, le dijo: Mujer, ¿dónde están los que te acusaban? ¿Ninguno te condenó?  

11 Ella dijo: Ninguno, Señor. Entonces Jesús le dijo: Ni yo te condeno...  

A tí, ¿quién te condena? 

¿Qué habrá escrito Jesús sobre la arena? Tal vez todas las acusaciones de los fariseos en contra de la mujer... pero luego el viento se llevó las acusaciones, así como Dios esfumó en el aire las errores de la mujer. 

Gracias a Dios, en nuestro mundo moderno no existe la costumbre de apedrear a personas... Pero CUIDADO!!!! la cultura actual tiene nuevas posibilidades de “apedrear” a la gente.

Cada vez que un escándalo sale a la luz, aparecen muchos “tirapiedras”  que con sus palabras hieren, insultan, lastiman, vulneran... En esas ocasiones muchos encuentran la excusa ideal para “apedrear con justicia” y sentirse con derecho a dar rienda suelta a su enojo,  arrojando palabras hirientes y mezclándose entre los apedreadores...  Preguntémonos con toda sinceridad: ¿trato a mis semejantes como seres humanos, o abuso de ellos aprovechándome de sus errores para tratarlos como el basurero de mi mal humor, porque yo mismo no me puedo dominar?

Si Jesús se encarga de librarnos de nuestras  faltas, con qué derecho asumimos nosotros el papel de jueces? Dios es más que justo, el es misericordioso.   ¡Qué suerte para nosotros!  

 

  

 

       

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