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¿Por qué
juzgar?
Cuando se habla de infidelidad, no es sensato hablar de
“pecado”. Pues al hablar de
pecado señalamos con el dedo, juzgamos, moralisamos comparamos a una persona
presuntamente buena con otra presuntamente
mala.. Para no caer en el error de culpar a alguien es necesario
estar libre de prejuicios. Es preciso
saber que la dinámica que ocasiona que una persona busque
afecto fuera del vínculo matrimonial es tan antigua como el mismo ser
humano. No lo digo a fin de
justificar enlaces amorosos extramaritales, esa no es de ninguna manera mi
intención. El problema es mas complejo como para tratarlo aquí, pero
hay cierto dinamismo en las relaciones matrimoniales que cuando entran en
desequilibrio, tienden a quebrar la relación, iniciar otra, o mantener dos
relaciones paralelas. Todo esto
sucede sin que uno sea bueno y otro el malo.
Sin juzgar a ninguno, sin echar en cara si alguien actuó bien o mal,
es necesario "airear las
sábanas" El problema está en la fuerza dinámica de la relación misma que perdió
estabilidad. Si logramos
comprender como funciona este dinamismo entre las parejas y las familias,
veremos claramente por qué en nuestro mundo moderno existe un porcentaje
tan alto de parejas que no funcionan bien, encontraremos el motivo por el cual
hay una cantidad significativa de aventuras amorosas, y la razón por la cual la
tasa de divorcios es tan alta. Todo
se trata del mísmo fenómeno, con diferente secuela. Arrojar
piedras... Siempre me facinó el evangelio de Juan 8:3 en el cual Jesús
absuelve con amor a la mujer adúltera. Esta
parte del evangelio irrita a muchos fanáticos religiosos, y a los moralisadores
estrictos. En cambio consuela
verdaderamente a quellos que erraron. Al fin y al cabo ¿quién de
nosotros está libre de faltas?.
A tí, ¿quién te condena? ¿Qué habrá escrito Jesús sobre la arena? Tal vez todas las acusaciones de los fariseos en contra de la mujer... pero luego el viento se llevó las acusaciones, así como Dios esfumó en el aire las errores de la mujer. Gracias a Dios, en nuestro mundo moderno no existe la
costumbre de apedrear a personas... Pero CUIDADO!!!! la cultura actual
tiene nuevas posibilidades de “apedrear” a la gente. Cada vez que un escándalo sale a la luz, aparecen muchos “tirapiedras” que con sus palabras hieren, insultan, lastiman, vulneran... En esas ocasiones muchos encuentran la excusa ideal para “apedrear con justicia” y sentirse con derecho a dar rienda suelta a su enojo, arrojando palabras hirientes y mezclándose entre los apedreadores... Preguntémonos con toda sinceridad: ¿trato a mis semejantes como seres humanos, o abuso de ellos aprovechándome de sus errores para tratarlos como el basurero de mi mal humor, porque yo mismo no me puedo dominar? Si Jesús se encarga de
librarnos de nuestras faltas, con qué derecho asumimos nosotros el papel
de jueces? Dios es más que justo, el es misericordioso. ¡Qué
suerte para nosotros!
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