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Nuestros queridos Gamor
Después de tiempo les escribo con un poco de tranquilidad. Veo que
las cosas se están poniendo para bien, me refiero al tío Jorge y a la tía Gringuita. Tío
Jorge nos acompañó a esparcir las cenizas de Enrique y Clarita. Cumplimos
su deseo. Las cenizas descansaron en Las Pozitas en Lomas, lugar donde
Clarita había pasado los momentos más felices, por así decirlo, de su vida.
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Digo por así decirlo porque Clarita ha estado bendecida en tener muchos
momentos felices. Se alegraba con la felicidad de los suyos y ajenos.
También sufría con los problemas que muchas veces no eran “tan” problemas.
Quería mucho a su familia y como pudieron leer en la carta que Emperatriz
le escribió con su puño y letra cuando estaba en recuperación en Chosica, le
encargaba a Clarita que sus hermanos vayan limpios al colegio. Una carta
muy linda y conmovedora que le daba a sus hijos las tareas que mejor podían
realizar y sobretodo, Emperatriz quería la unidad familiar, cosa que ella estaría
feliz y debe de sentirse en los cielos en el cielo al ver como pasito a paso la
familia no deja de estar al tanto unos de otros.
Dentro de todo, una familia grande,
hay altos y bajos, pero lo importante es el apoyo. Lo he constatado
conmigo misma con el tío Jorge en Lomas.
Estuvimos en Lomas en Mayo, pasado
el día de la Madre, en un hostal muy lindo que se llama “El Rincón del
Cielo”, por dueña tiene a Petita Bocanegra. Estaba Edith Heredia,
Micky Daneri y Fadia que llegó en
la noche. Nosotros, los Heredia – Larrañaga en pleno. Luego de un viaje accidentado, se
nos plantó el carro, etc. Pero nos auxilió Micky que pasaba por la carretera
luego de unos minutos. La cosa es que llegamos al Rincón del Cielo, creo
que así se llamaba el hostal, justo cuando por la radio cantaba Andrea Bocelli
el Ave María. Edith y Tino
se chuzaron el cuarto a dormir.
En la noche, a las doce y cuarto, nos tocaron la puerta del dormitorio, de
la manera que Clarita acostumbraba a tocar, tan tata tan…yo estaba despierta,
pero el sonido despertó a Tino que fue a investigar por los alrededores y no había nadie. Al día
siguiente Tino preguntó y nadie había estado por ahí. La Sra. Petita
dijo que en el cuarto que nos tocó, era el preferido de Clarita y siempre se
hospedaba ahí. Ella iba siempre a Las Pozitas de Lomas por lo menos una
vez al año acompañada por la tía Gringuita y el séquito de empleadas para su mayor comodidad y para que las chicas
disfruten.
Nos dio mucho gusto y alegría que la mayoría de gente en Lomas se
acordaba perfectamente de ella, nos contaba anécdotas. El sábado, el día
en que íbamos a entregar al mar las cenizas vino la familia Heredia
– del Solar. Fuimos a misa de a.m. en la iglesia del pueblo. No sé quién nos mostró la casa
donde habían vivido los García hace muchos años, pero no estamos seguros.
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